Soy docente… ¿cómo puedo detectar si un alumno sufre acoso?

Desgraciadamente, no existe una conciencia colectiva entre los docentes sobre la verdadera magnitud del problema que supone el “acoso entre iguales” o “bullying”. De hecho, los programas de formación sobre violencia escolar no figuran entre los más solicitados (Trianes y Muñoz, 1997; Larson y Busse, 1998; Defensor del Pueblo, 2000, 2007). Por otra parte, en las aulas de los institutos de Educación Secundaria se vive a diario desde hace tiempo una conflictividad, que no solo interfiere negativamente en el proceso de enseñanza aprendizaje, sino que también afecta y perjudica al profesor (Molina, 2005), dificultándose así aun más, si cabe (ya de por sí difícil), la detección del bullying, pudiendo hacer que el “acoso” entre compañeros quede solamente como “algo” periférico.

Aunque a los docentes no les es nada fácil identificar algunas formas de maltrato (Craig y cols. 2000), especialmente el maltrato emocional y la exclusión social, sus actitudes frente a las situaciones de acoso entre compañeros son decisivas para afrontar el problema. Por ello es de gran importancia que los profesores reciban una información adecuada al respecto. Deben conocer en profundidad no solo las características del problema, de los protagonistas y de sus consecuencias, sumamente destructivas para algunos escolares, sino también deberían conocer los datos que arrojan los diferentes estudios, así como que el alumno que padece “acoso” en su instituto lo vive con una ansiedad extrema que le hace sufrir hasta límites insospechados, convirtiéndose para él la mera asistencia a clase, día tras días, en un verdadero infierno.

Los docentes deben saber que los “abusos” están presentes en absolutamente todos los Institutos de Secundaria del país (también en los centros concertados y privados) y son sufridos, presenciados o ejercidos por un elevado porcentaje de escolares, de los que muy pocos comunican a sus profesores lo que les está sucediendo. Y que las consecuencias negativas de estos episodios violentos no recaen exclusivamente en las “víctimas” sino que también se producen efectos no deseados en los propios “agresores” y en aquellos alumnos  “observadores” que presencian ese tipo de acciones.

En definitiva, sólo una información adecuada posibilitará a los docentes una concienciación adecuada sobre el problema. Y solo así serán capaces de observar e interpretar determinadas claves y signos (antes “invisibles” a sus ojos) que podrían indicar que uno de sus alumnos es “víctima” de acoso por parte de uno o varios de sus compañeros. Un profesor entrenado y con conocimientos suficientes para detectar el bullying podría aportar en el desarrollo de cualquier sesión de evaluación numerosos detalles observados. Y aunque a los profesores, a diferencia del maltrato físico, no les es nada fácil identificar el maltrato emocional o la exclusión social, deben “saber mirar” e interpretar determinadas claves, como: los comentarios que sobre determinados alumnos/as realizan otros Profesores en las sesiones de evaluación. Especialmente en la evaluación realizada  a principios de curso (evaluación “0”). La relación existente entre los alumnos, para así detectar a los escolares aislados. Las frecuentes molestias, dolores y enfermedades que sufren “determinados” alumnos/as. El mensaje y los nombres de determinados alumnos/as que aparecen frecuentemente en las pintadas y grafittis realizadas en aseos, paredes y pupitres. Los alumnos que habitualmente no realizan las actividades extraescolares sin una justificación “adecuada” y creíble. Los alumnos que son “diferentes” a sus compañeros, por su aspecto físico, o por su forma de ser y de comportarse. Las conductas “extrañas” o inadecuadas que algunos alumnos presentan durante las clases….

Podéis encontrar una relación completa e informada de claves a observar, (tanto desde la perspectiva de profesor de grupo, como de tutor del mismo), en el libro “Bullying. Cómo detectarlo, prevenirlo y afrontarlo desde los diferentes equipos y estamentos docentes” que comercializa la editorial Sanz y Torres.

https://www.sanzytorres.es/ficha.php?libid=21963

Cualquier indicio observado por parte del docente, debe ser puesto en conocimiento del profesor tutor y de la Junta de Evaluación. El tutor, en función de la valoración y la gravedad del caso, informará a Jefatura de Estudios, que a su vez, deberá actuar de forma inmediata.

Cabría plantearse cuál es la responsabilidad docente frente al “acoso entre compañeros” o “bullying”. El día 25 de septiembre de 2004, Mónica C. Beloza, en referencia al suicidio de Jokin sucedido cuatro días antes, en un diario de tirada nacional se pregunta…

“¿Dónde miraban los profesores mientras Jokin sufría delante de sus ojos? ¿Qué hace el Estado con nuestros hijos, en sus escuelas cuando se los confiamos? ¿Qué clase de mundo estamos construyendo que hace de unos niños de 14 años torturadores sistemáticos y sin escrúpulos?”

Nuestro sistema educativo, obliga de forma inexcusable a todos los chicos/as de entre 6 y 16 años a asistir a clase, y todos, absolutamente todos, tienen derecho a sentirse protegidos de las agresiones y humillaciones (intencionales y frecuentes) que implica el “acoso” entre compañeros. En realidad, todo se reduce, como dice Olweus (1998) a una cuestión de derechos democráticos fundamentales. Ciertamente los profesores tienen una gran responsabilidad, no tanto jurídica, sino moral, en ello, y deben prestar más atención para impedir casos como el de JOKIN. Los docentes, tienen en sus manos la posibilidad de erradicar o al menos, minimizar de forma importante los efectos tan negativos que el problema del “maltrato entre compañeros” conlleva.

Para terminar, os invito a participar en el foro y a compartir con otros colegas vuestras experiencias y vuestras dudas en relación a este problema, realmente importante pero inadecuadamente (en una mayoría de ocasiones) afrontado.

Discussion Area - Leave a Comment