Soy padre… ¿cómo puedo saber si mi hijo sufre acoso en el instituto?

Ciertamente, para los adolescentes, el paso de Primaria a Secundaria supone un importante cambio. Las aulas del instituto suelen infundir a una mayoría de los padres una menor percepción de seguridad, en relación a la que tenían de su colegio de Primaria. Se trata de una sensación, en general subjetiva, que desaparece pronto ante una la adaptación progresiva del escolar al nuevo “entorno” educativo.

A  pesar de ello, es conveniente que los padres sepan, que el “acoso escolar” está presente en todos y cada uno de los institutos de Educación Secundaria de nuestro país (Informe del Defensor del Pueblo, 2007) y que esos episodios de maltrato son sufridos, presenciados o ejercidos por un nada desdeñable número de escolares, que de un modo u otro padecen sus consecuencias.

Otro dato importante a tener en cuenta, es que sólo la mitad de los padres de alumnos “acosados” (50.6 %) saben que sus hijos son víctimas. Así, por el hecho de que nuestro hijo pueda sufrir maltrato en el colegio, y las devastadoras consecuencias que a veces ello supone, es importante prestar atención a determinados signos o claves que podrían delatar o proporcionar “pistas” de la presencia de acoso.

Sin embargo, a pesar de lo expuesto, tampoco conviene angustiarse y alarmarse demasiado, porque la incidencia de “acoso” realmente grave por su frecuencia e intensidad es sufrido por pocos escolares (entre el 2 % y el 4 %). En realidad se trata de impedir con antelación, que ese 30 % de alumnos de entre 12 y 16 años que se ven involucrados en casos de abusos (bien como victimas o bien como agresores), acaben inmersos en incidentes realmente graves por no tomar las medidas preventivas adecuadas y necesarias.

Cómo se reseñó anteriormente, un 49.4 % de los padres cuyos hijos son víctimas de acoso en su instituto, no saben y por ello no son conscientes, de que la mera asistencia a clase, para sus hijos, se ha convertido en un verdadero “infierno”. Algo que, lentamente, pero sin pausa, destruye profundamente su autoestima, produciéndole estados de gran ansiedad, circunstancia que como mínimo dificultará su adaptación social y su rendimiento académico, e incluso, en los casos más graves, podría llevarle al suicidio (Ortega, 1994).

Realmente no resulta fácil para los padres conocer ese tipo de “problema” que tiene su hijo, porque generalmente, él intenta por todos los medios a su alcance, que el asunto pase “desapercibido”. Tienen mucho miedo a su agresor, y piensan que si dicen algo en casa, las represalias del atacante serán aun peor. Sus sentimientos don de una indefensión absoluta.

A veces no lo cuentan en casa, no por miedo a su agresor, sino por vergüenza, o porque temen una reacción de sus padres indeseada para ellos, como que le echen en cara “su cobardía”, o que “tiene que aprender a defenderse solo, porque la vida es muy dura”. Todo se reduce, en realidad a un problema de confianza.

Cómo se trata de un fenómeno que la mayoría de las veces suele pasar desapercibido, y que casi siempre es malinterpretado por los adultos, se necesita prestar una atención especial a indicios o claves no siempre claros, o a determinados rumores.

Algo que debe alertar a los padres, es la negación frecuente de su hijo a ir a clase. Todas las razones aportadas se relacionan con algún “malestar” (dolor de cabeza, de tripa, de espalda, de alguna articulación…). En ocasiones vomitará justo a la salida hacia el colegio, consecuencia de la somatización de la angustia que ello le produce. Casi siempre, un niño que sufre acoso, exagerará dolencias y fingirá enfermedades frecuentemente para conseguir que sus padres le dejen quedarse en casa, algo que para él es una auténtica “liberación”.

Otra señal, casi siempre inequívoca, es el elevado número de “faltas” o ausencias a determinadas clases en el instituto, sobre todo si las “pellas” o “novillos” las lleva a cabo sólo y no acompañado de otros escolares. Además, cuando se descubre la acción, es incapaz de dar explicaciones convincentes de dónde estuvo esas horas, ni porqué lo hizo.

Si un niño o adolescente no quiere salir de casa, o no hay compañeros que le “llamen por teléfono” para quedar y salir por “ahí” o para pedirle tareas u otra información, o bien para quedar y hacer deberes juntos…es otro detalle que los padres han de tener en cuenta. Cuando un niño de esta edad no se relaciona o se relaciona muy poco con otros compañeros fuera de la jornada escolar, podría ser que estuviese sufriendo maltrato por parte de algún compañero de clase.

Es necesario también prestar atención a los cambios de humor. Un niño “acosado” siempre está triste, se irrita con facilidad y llora con frecuencia aparentemente sin motivo. Es necesario buscar las razones de producen esos cambios de humor y comportamiento.

Casi siempre, los niños que sufren maltrato en su colegio, están distraídos, encerrados en sí mismos, ausentes, olvidan con facilidad los encargos, se asustan por cosas nimias, y se comportan y muestran huidizos con sus padres.

Un indicio claro para los padres deriva del deseo del chico para que se le acompañe a l entrada y a la salida del instituto. Puede tener miedo a que alguien le pegue. Es necesario tenerlo en cuenta, porque según el informe del Defensor del Pueblo, (2007), un 5.9 % de los alumnos “víctimas” dicen ser agredidos físicamente, un 5.1 % dicen ser insultados, y un 8 % dicen ser acosados sexualmente, a la salida del centro escolar.

Un niño que sufre acoso en su centro educativo, no suele asistir a las salidas extraescolares que organiza el centro, ya sean de carácter cultural y curricular (museos, visitas guiadas, películas, teatro…), ya sean de carácter lúdico (excursiones al campo, a otras ciudades, visitas a parques temáticos, a granja escuela, a colonias escolares, a la bolera…). Inventa mil excusas para no ir, algo en realidad absolutamente lógico, pues el tiempo en que durante estas salidas va a  estar “expuesto” a la tiranía del compañero agresor, es muy superior al que soporta a diario en una jornada escolar. Y no hay que olvidar, (el chico acosado lo sabe), que por las propias características y circunstancias de la actividad, la vigilancia del profesorado suele resultar “inútil” la mayoría de las veces, para evitarlo.

También es importante observar los cambios en el sueño (pesadillas nocturnas), en el apetito (come muy poco y nunca tiene hambre), o si ha bajado considerablemente su rendimiento académico, hecho que denotan unas peores calificaciones trimestrales.

Si frecuentemente trae “moratones” (hematomas), arañazos, cortes y golpes en diferentes partes del cuerpo (espalda, pecho, brazos, muslos…) inexplicables desde causas “normales” o “naturales” (caída o accidente) y para explicar su origen ofrece datos poco creíbles, es otra clave o indicio importante a tener en cuenta por parte de los padres.

También es necesario que los padres presten atención a la petición frecuente de dinero (para entregar al agresor), y a la pérdida o deterioro de su material escolar u otras pertenencias. El niño acosado casi nunca tiene lápices ni bolígrafos porque “perdió” el estuche. A sus libros de texto les faltan varias hojas porque “alguien” las arrancó. “Perdió” los libros de alguna asignatura. La “regla” para dibujo, está, lo mismo que la “escuadra” partida en dos trozos. No sabe qué hizo con el compás, lo perdió. Tiene la mochila “desgarrada”, lo mismo que un “bolsillo” del chándal y se le “rompieron” las gafas un par de veces.

Los padres también deben conocer que aquellos escolares con necesidades educativas especiales (ACNEE) son tremendamente vulnerables ante el acoso y suelen convertirse fácilmente en “víctimas”. Por ello, los padres con hijos que cursan programas de integración deben poner especial atención en todas y cada una de las claves mencionadas.

Cuando los padres observen que en alguno de sus hijos se producen simultáneamente alguna de las claves presentadas, han de pensar que posiblemente su hijo esté siendo maltratado por un compañero, y que quizás haya sufrido ya múltiples agresiones. Es imprescindible entonces, es decir, absolutamente necesaria, una comunicación fluida con él/ella. Al principio, costará, por las razones ya explicadas (el chico tiene miedo a la propia reacción de sus padres, y tiene más miedo aun, a la reacción de su compañero o compañeros bullys, si se enterasen de que ha contado a sus padres lo que la pasa).

Resulta prioritario conseguir generar en el chico confianza suficiente para que cuente todo lo que le ocurre el el instituto, sintiéndose, ala vez, seguro. Será el primer apoyo que en mucho tiempo va a encontrar el chico/a, y será, si no se ha propiciado ya desde el propio centro educativo, el punto de arranque para “solucionar” el problema.

Podéis encontrar una relación completa e informada de claves a observar, así como estrategias a seguir para conseguir la confianza de vuestro hijo en el libro “Bullying. Cómo detectarlo, prevenirlo y afrontarlo desde los diferentes equipos y estamentos docentes” que comercializa la editorial Sanz y Torres.

https://www.sanzytorres.es/ficha.php?libid=21963

También encontrareis en el libro, la forma adecuada de actuar una vez conocido el problema de acoso hacia vuestro hijo, o si contrariamente, vuestro hijo es en realidad el agresor, o incluso participa solamente cómo observador en los episodios de maltrato.

Un cordial saludo.

Discussion Area - Leave a Comment