Marco conceptual en el que se inscribe el acoso entre compañeros (Bullying)

A partir de ahora, voy a exponer el marco conceptual en el que se inscribe el bullying y algunos de los modelos de intervención para afrontarlo.

Muchas son las noticias aparecidas en los medios de comunicación social, referentes al tema de la violencia en los centros escolares. Sin embargo, las experiencias dirigidas a eliminar o al menos minimizar esa violencia en los centros, generalmente suelen pasar desapercibidas. Ese intento por mejorar la convivencia en las aulas, a pesar de que los profesores reciben poco entrenamiento en la utilización del conflicto con fines didácticos o en la enseñanza del manejo del conflicto (Johnson y Johnson, 1999), lo corroboran algunas (aunque pocas) experiencias realizadas a tal fin por profesores, con sus alumnos. Algunas son publicadas en revistas especializadas, por ejemplo “Convivencia y desarrollo para todos”, de Madrid (2002); “Convivir es Vivir”, de Juanbeltz (2002); “Cómo afrontar los problemas de conducta” de Adániz-Echevarría y Poveda (2002); “Habilidades y Hábitos en Grupos conflictivos”, de Ocaña (2002); “Mejorar la convivencia del Centro”, de Baña y Salcines (2003); “Valores a través de la prensa” de Ventura y Bueno, (2003); “Enseñar en un clima de libertad y respeto”, de Nápoles y López (2004), entre otras. Otras veces se recopilan varias de ellas, y se publican en libros, como es el caso de “Aprender a convivir en la escuela”, de Santos Guerra (Coord.) y otros (2003.

Ciertamente, el tratamiento del conflicto en el aula, a partir del aumento de la conflictividad escolar resulta en la actualidad cada vez más necesario. Y son varios los autores que ofrecen propuestas interesantes para abordar el tratamiento del conflicto (Habermas, 1982; Gotzens, 1986; Crary, 1994; Trianes y Muñoz, 1994; Díaz Aguado, 1996; Girard y Koch, 1997; Naradowsky, 1998; Ortega, 1998 a; Jares, 1996, 2001; Ortega y Mora Merchán, 2000, Trianes y Fernández-Figarés, 2001).

Un enfoque propuesto desde antiguo estaría relacionado con el funcionamiento de los “grupos”. Ya en 1977 se sabe que el ambiente del aula y las interacciones de los componentes del grupo ejerce una influencia importante sobre el aprendizaje y las conductas individuales (Bany y Johnson,1977 pg. 10). Incluso dicen estos autores…”sabiendo que durante años los maestros han estado acosados con los problemas derivados del comportamiento de sus alumnos, resulta difícil comprender porqué los educadores han tardado tanto en aplicar los resultados contrastados de las investigaciones sobre el grupo a la práctica de la clase”. Porque la educación está influida tanto por los procesos interpersonales que se dan entre sus miembros (alumnos, profesores, padres) como por los procesos grupales, como son la cohesión del grupo y las normas que se dan en su seno, (Ovejero, 1996). También se afirma que algunas de las dificultades de la clase, tales como los problemas de disciplina, el fracaso en los proyectos bien planeados y la resistencia del grupo-clase a cambiar, puede provenir de una errónea interpretación de cómo funcionan los grupos-clase (Passow y MacKenzie, 1953).

Son varios los autores en cuyas obras podemos encontrar referencias sobre lo que es un “grupo” y sus notas distintivas (Homans, 1977; Tajfel, 1978; Shaw, 1983; Blanco y Fernández, 1985; Thibaut y Kelley, 1986; Turner, 1990; Forsyth, 1990; Levine y Moreland, 1990; Morales, 1996; Nuñez y Loscertales, 1997; Alcover, 1999; Gil y Alcover, 1999;Cascón, 2000), concluyéndose que en los grupos clase, debe potenciarse la comunicación y deben tomarse las decisiones por consenso. Porque así se estimulan las relaciones de colaboración y apoyo, y al trabajar en la resolución de conflictos de forma negociada, se sientan las bases para una convivencia agradable, donde todos los alumnos se sentirán queridos, aceptados y apoyados por los demás, pudiéndose así superar los prejuicios. Debe perseguirse una buena integración sin exclusiones ni rechazos, que son las principales fuentes de conflictos interpersonales.

En lo referente al tratamiento específico de la violencia entre iguales o bullying, se han venido empleando en las diferentes investigaciones diversos cuestionarios que reflejan una serie de conductas, pensamientos o sentimientos referidos a éste fenómeno, desde los diferentes puntos de vista de los participantes (Arora, 1991; Olweus,1993; Whitney y Smith, 1993; Ortega, 1998 a; Cerezo, 2000, 2001; Avilés, 2002 b).

Por otro lado creo, al igual que Sharp y Thompson (1994), que cualquier proyecto que quiera combatir el bullying debe contemplar distintas fases, que van desde la sensibilización y concienciación hasta su seguimiento y evaluación. Sullivan (2001) habla de cuatro fases claramente diferenciadas: planificación, desarrollo del programa, implementación, y mantenimiento. Aunque se está demostrando cada vez más que las acciones contra el bullying deben abordarse desde una perspectiva de convivencia general del centro, y viceversa (Mellor, 1993).

Por ello, sin menoscabo de todo lo expuesto (pues todo lo que se haga en la dirección de resolver conflictos siempre será insuficiente), mi propuesta es adoptar el entrenamiento de la competencia socioemocional de los alumnos a partir de la enseñanza de Habilidades Sociales y entrenamiento en Solución de Problemas, de forma sistemática, y al menos durante un curso escolar completo.

Os recuerdo que podéis pedirme que complete la bibliografía que necesitéis. Bueno, lo dejamos por hoy. La próxima vez os hablaré de la competencia socio emocional.

Saludos y hasta pronto.

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